ENTRETENIMIENTOS
Y
RECREACIONES
Recopilación de
documentos orientadores
CENTRO DE INVESTIGACIÓN WHITE
UNIVERSIDAD ADVENTISTA DEL
PLATA
3103 LIBERTADOR SAN MARTÍN
Septiembre de 1980
INTRODUCCIÓN
Nadie duda que los niños y jóvenes
necesitan de momentos de esparcimiento y recreación. Lo mismo puede afirmarse
de los adultos, y gente de mayor edad aún. Pero el problema que siempre ha
preocupado a los hijos de Dios es el de las pautas y normas de evaluación a
aplicarse en la selección y práctica de las recreaciones y entretenimientos.
El tema ha sido objeto de discusión y estudio, con las
mejores intenciones, en iglesias, sociedad de jóvenes, escuelas y colegios,
campamentos juveniles y comisiones especiales nombradas al efecto, pero no
siempre con los mejores resultados. Todo esto ha motivado numerosas consultas
al Ellen G. White Publications y a los Centros de Investigación White, donde el
problema fue objeto de investigación y estudio en diversas oportunidades.
Lo que se ofrece a continuación es una recopilación de
algunos documentos surgidos de esos estudios. Contienen preciosa instrucción
del Señor, juntamente con opiniones de algunos de los líderes de la Iglesia
Adventista del Séptimo Día que participaron de estos estudios. Es muy posible
que no todas las preguntas encuentren respuesta en estas páginas, pero creemos
que hay en ellas principios que pueden orientar clara y definidamente en este
delicado asunto de los entretenimientos y recreaciones. En todo caso, merecen
un cuidadoso estudio.
DEPORTES EN
COLEGIOS ADVENTISTAS SECUNDARIOS Y SUPERIORES
Una declaración preparada por
Arturo L. White
Secretario de Ellen G. White
Estate
El asunto de los deportes en los colegios adventistas del
séptimo día es consultado a menudo en la oficina del White Estate por
profesores y alumnos adventistas preocupados. Debemos considerar el asunto
desde el punto de vista de los grandes principios involucrados. Elena G. de
White asienta un principio básico para este estudio en el libro La Educación.
El primer párrafo del capítulo acerca de la "Recreación" dice:
Hay una distinción entre recreación y diversión. La
recreación, cuando responde a su nombre, re-creación, tiende a fortalecer y
reparar. Apartándonos de nuestros cuidados y ocupaciones comunes, provee
refrigerio para la mente y el cuerpo y de ese modo nos permite volver con nuevo
vigor al trabajo serio de la vida. Por otra parte, se busca la diversión para
experimentar placer y con frecuencia se la lleva al exceso; absorbe las
energías requeridas para el trabajo útil y resulta de ese modo un obstáculo
para el verdadero éxito de la vida." La Educación, p. 203.
Esto está en plena armonía con los consejos escritos en
1868, que aparecen en el primer volumen de Testimonies for the Church.
El capítulo titulado "Recreación para los Cristianos" comienza con
las palabras:
Me fue mostrado que los guardadores del sábado como pueblo,
trabajan demasiado duramente, sin permitirse a sí mismos un cambio o períodos
de descanso. La recreación es necesaria para aquellos que están ocupados en
trabajo físico, y es mucho más esencial aún para aquellos cuyo trabajo es
mayormente mental. No es esencial para nuestra salvación, ni para la gloria de
Dios, que mantengamos la mente trabajando constante y excesivamente, aunque
ello fuera sobre temas religiosos. "Testimonies, Vol. 1, p. 514.
Al introducir el tema de la recreación, la Hna. White dice
muy claramente que es deber de los cristianos hacer provisión para una
recreación adecuada. En su artículo básico acerca del tema de la educación, escrito
en 1872, que aparece en Testimonies for the Church, Vol. 3, pp. 131-160,
establece claramente que el programa escolar adventista del séptimo día debiera
estar bien repartido entre actividades mentales y físicas. Hay tres razones
para esto. La actividad física producirá un buen desarrollo físico, lo que es
esencial. Es el medio de preparar a los jóvenes para las cosas prácticas de la
vida, por cuanto debieran ocuparse en diversas industrias u oficios en relación
con el programa escolar. También es un medio de protección contra la
inmoralidad, porque un programa constante de estudio sin ejercicios físicos
adecuados pone el fundamento para prácticas inmorales.
De este modo en una fecha temprana, la iglesia tuvo ante sí
el ideal. un programa educativo bien equilibrado entre actividades mentales y
físicas, a ser seguido en todos nuestros colegios.
Elena G. de White sufrió un gran chasco cuando se enteró
que los hermanos habían escogido un sitio reducido en la ciudad de Battle Creek
para nuestro primer colegio. La visión que se le había dado era de un colegio
en el campo, con industrias y agricultura, un colegio alejado de las
diversiones y tentaciones de la vida urbana, un colegio donde se fomentara el
aspecto práctico de la educación. De tal lugar habrían de salir jóvenes
preparados para la vida en un mundo que se hunde en la condenación, preparados
para el servicio en la proclamación del mensaje del regreso de Jesús. Ella se
quebrantó y lloró cuando captó la situación que se daba en Battle Creek, con un
colegio en el centro de la ciudad.
Al desarrollarse un programa de deportes en los colegios
del mundo, también se desarrolló en nuestro colegio de Battle Creek. Teníamos
nuestros equipos de fútbol, de béisbol y de baloncesto, hasta había boxeo. Los
jóvenes adventistas del séptimo día con su ambiente de vida saludable y sus
vidas libres del alcohol y el tabaco se desempeñaban muy bien. Pero no pasó
mucho tiempo hasta que los partidos con otros equipos de la ciudad, y de otras
ciudades, llevaron a una gran excitación. Los intereses de gran parte del grupo
de alumnos comenzaron a alejarse del objetivo de asegurarse de que cada
esfuerzo condujera hacia una preparación adecuada para el servicio, para dar
lugar al cultivo de la excitación y el placer. Si se hubiese permitido la
continuación de este programa sin ser detenido por mensajes del Señor, nuestro
programa educativo habría sufrido grandes perjuicios por el programa de
deportes que se había comenzado a fomentar entre nosotros.
Fue en este contexto que Elena G. de White comenzó a hacer
oír una voz de advertencia, mencionando en forma específica ciertos juegos.
Mencionó el fútbol, el béisbol y el boxeo. Un mensaje así fue escrito al
director del Colegio de Battle Creek a principios de 1893 enfocando la situación.
Se habían celebrado reuniones de reavivamiento por ese tiempo, en las cuales el
Espíritu del Señor fue derramado en una forma especial. La Sra. de White
escribió en esta carta.
Cuando los alumnos del colegio se entregaron a sus juegos
de competencias y al fútbol, cuando se dejaron absorber por las diversiones,
Satanás vio propicia la oportunidad para introducirse y dejar sin efecto al
Espíritu Santo de Dios que quiere modelar y usar a los ser humanos. Si con
independencia moral, todos los profesores sin excepción hubiesen cumplido con
su deber, si hubiesen comprendido su responsabilidad, si hubieran usado la
capacidad que Dios les había dado de acuerdo con la santificación del espíritu
mediante el amor a la verdad, habrían tenido vigor espiritual y luz divina para
avanzar más y más, y subir por la escalera del progreso que se extiende en
dirección al cielo. Es evidente que no apreciaron la luz, no caminaron en ella
ni siguieron a la luz del mundo.
Es fácil alejar la influencia del Espíritu Santo mediante
la pereza, la conversación y el juego. Caminar en la luz significa mantenerse
avanzando en la dirección de la luz. Si uno que fue bendecido se vuelve
descuidado y desatento, y no vela en oración, si no exalta la cruz y lleva el
yugo de Cristo, si su amor por las diversiones y su lucha por la supremacía
absorben sus facultades o capacidades, entonces Dios no es lo primero y lo
último en todas las cosas y Satanás se presenta para desempañar su papel mucho
más decididamente que ellos, y puede urdir profundas estratagemas para la ruina
del alma..." Mensajes Selectos , Vol. 1 pp. 152,153.
Aproximadamente por esta época un estudiante de medicina de
Michigan, escribió a la Hna. White, quien se encontraba en Australia,
preguntándole acerca de varios asuntos. En su carta de respuesta, la Hna. White
se refirió al asunto de los deportes en el Colegio de Battle Creek. Al hacerlo
estableció claramente los principios involucrados. Aprecio mucho esta
declaración porque nos ayuda a ver las verdaderas razones de ciertos consejos
que han sido dados. Hallará parte de esta comunicación, que trata de los puntos
esenciales, en El Hogar Adventista. A causa de su relación vital con el
tema la citamos a continuación.
No condeno al ejercicio sencillo del juego de pelota; pero
aun esto, con toda su sencillez, puede ser llevado a la exageración.
Siempre temo el casi seguro resultado que sigue a estas
diversiones. Provoca un desembolso de recursos que debieran dedicarse a
comunicar luz de la verdad a las almas que están pereciendo lejos de Cristo.
Las diversiones y el despilfarro de recursos para agradarse a sí mismo,
conducen paso a paso a la glorificación propia, y el adiestramiento en estos
juegos por placer desarrollan una pasión por tales cosas, que no favorecen el
perfeccionamiento del carácter religioso.
La manera en que se las ha dirigido en el colegio no lleva
el sello del cielo. No fortalece el intelecto. No refina ni purifica el
carácter. Hay actividades que llevan a costumbres y prácticas mundanales, y
quienes participan en ellas quedan tan embargados e infatuados que en el cielo
se los declara amadores de placeres más que de Dios. En vez de quedar con el
intelecto fortalecido para ser mejores estudiantes, en vez de estar mejor
preparados como cristianos para cumplir con sus deberes de tales, al
ejercitarse en esos juegos llenan sus cerebros de pensamientos que los desvían
de sus estudios...
¿Se procura sinceramente glorificar a Dios en estos juegos?
Sé que no es éste el caso. Se pierde de vista el camino de Dios y su propósito.
En este tiempo de gracia, la ocupación de ciertos seres inteligentes es
invalidar la voluntad que Dios ha revelado, y poner en su lugar las
especulaciones e inventos del agente humano, al lado del cual está Satanás para
infundirle su espíritu... El Señor Dios del cielo protesta contra la ardiente
pasión que se ha cultivado por la supremacía en los juegos esclavizadores. El
Hogar Adventista, pp. 453, 454.
La declaración de la Hna. White cuando dice, "No
condeno el ejercicio sencillo del juego de pelota", debiera notarse
cuidadosamente. En otras palabras, no había nada inherentemente malo en un
juego en que se usa una pelota.
Pero después de hacerse esta declaración expone los
peligros de un programa de deportes. Escribe acerca del gasto fuera de proporción
de tiempo y de dinero, acerca de la glorificación de los jugadores, y el
fomento del amor a los placeres, al punto que se registra en los libros del
cielo que son "amadores de los placeres más que de Dios".
La Sra. White sigue diciendo, "La manera en que se las
ha dirigido en el colegio no lleva el sello del cielo". --El Hogar
Adventista, pp. 453. Creo que esta frase dice bastante. Ella escribe, por
supuesto, acerca de diversiones y juegos en el colegio de Battle Creek.
No hay duda de que la recreación es esencial, pero tal como
la veía Elena G. de White, a medida que los jóvenes avanzan en edad, esta
recreación podía hallarse en alguna ocupación útil que rindiese algo de
provecho. Había distintos tipos de actividad misionera que proporcionarían verdadera
recreación. Este es el ideal que se pone frente a nosotros.
Hay métodos saludables de ejercicio que pueden ser
planeados y que serán de beneficio tanto para el alma como para el cuerpo. Hay
una gran obra que hacer y es esencial que todo agente responsable se eduque a
fin de hacer esta obra en forma aceptable a Dios. Hay mucho que todos deben
aprender, y no puede inventarse un mejor uso del cerebro, los huesos y los
músculos, que el aceptar la sabiduría de Dios en la práctica del bien, y la
adopción de algún plan para remediar los males existentes en esta época
licenciosa y extravagante.
Es nuestro deber procurar siempre hacer el bien al usar los
músculos y el cerebro que Dios les ha dado a los jóvenes, a fin de que sean
útiles para otros, aligerando sus labores, suavizando el dolor, levantando a
los desanimados, hablando palabras de consuelo a los desesperados, haciendo
volver la mente de los estudiantes de las diversiones y juegos que a menudo los
llevan más allá de la dignidad de la virilidad y femineidad a la vergüenza y la
desgracia. El Señor desea que la mente se eleve. Notebook Leaflets, Vol.
1, Nº 30.
Es evidente que el énfasis de Elena G. de White recae sobre
la labor útil. Esta es una de las razones por las cuales nuestros colegios han
sido ubicados en el campo, donde hay oportunidades para las industrias y la
agricultura. Este fue uno de los factores motivadores en el establecimiento de
nuestro colegio en Cooranbong, Australia, a unos 120 kilómetros al norte de la
ciudad de Sidney. La Hna. White tomo una parte activa en el establecimiento de
este colegio. Mientras ella estuvo allí colaborando en esta obra, recibió
muchas visiones, que revelaban más plenamente los principios que deben
gobernarnos en la operación de nuestros colegios.
La experiencia en Avondale
Fue en el contexto del recientemente establecido colegio de
Avondale cuando se dieron notables consejos acerca del asunto de los deportes.
Podemos hallarlos en Consejos para Maestros, pp. 266-271. Aquí
nuevamente debe leerse todo el contenido para comprender los principios
fundamentales. Australia es un país amante de los deportes. Tal vez creamos que
los americanos son locos por los deportes, pero esta situación se ve aún más
intensificada en Australia. Hay tres mil canchas de tenis en la ciudad de
Sidney. Cuando Mark Twain visitó a Australia y observó el amor de la gente
hacia los deportes, exclamó, "Reposada Australia, donde cada día es
feriado; y cuando no es feriado, hay una carrera de caballos."
Esto tal vez nos ayude en cierto sentido a ver hasta qué
grado se han ocupado los australianos en los deportes. Elena G. de White vio
claramente que si los adventistas del séptimo día habían de realizar la obra
que deben hacer, nuestros colegios debían ubicarse lejos de las ciudades, donde
los muchos feriados hiciesen menos impacto, donde estuviesen alejados de la
excitación del programa de deportes y de las carreras.
Nuestro colegio fue ubicado en el campo, en una parcela de
unas 750 hectáreas de tierra. En los años tempranos de la obra, construíamos
todos nuestros edificios. Había amplias oportunidades para que todos los
estudiantes colaborasen en el trabajo. Era difícil hallar manos para realizar
todo lo necesario en la edificación y en la chacra. Gran parte de los
estudiantes provenían de familias de limitados recursos financieros. Era con
gran dificultad como podían reunir suficientes fondos para mantener en marcha
el colegio y conservar a los jóvenes en el colegio cuando sus padres tenían muy
poco para enviarles como apoyo financiero. Existía un buen espíritu en el
colegio. Los diversos renglones de empleo ofrecidos por el colegio daban
recreación a los jóvenes. Había un programa de estudio y trabajo.
Elena G. de White sentía que con la bendición del Señor se
había logrado apartar a los jóvenes de las seducciones y distracciones del
mundo. Al hablar de esto en un congreso de Unión, en 1899, dijo:
Queremos alejar a los alumnos de
la atmósfera contaminada de la ciudad. No quiere esto decir que Satanás no esté
aquí. Está aquí, pero estamos haciendo todo lo posible para colocar a los
alumnos en las mejores circunstancias, a fin de que puedan fijar sus ojos en
Cristo. En el campo no se hallan próximos a la tentación de las carreras de
caballos y partidos de cricket. Cierta vez vi en Sidney una gran multitud en
una de las calles. Centenares y centenares, y hasta podría decir miles, se
hallaban reunidos. '¿Qué sucede?' pregunté. 'Es por el partido de cricket, y
otros los observaban, Satanás jugaba el juego de la vida por sus almas. Por lo
tanto decidimos ubicar nuestro colegio donde los estudiantes no viesen ni
partidos de cricket ni carreras de caballos. Estamos donde Dios quiere que
estemos, y se han producido muchas conversiones en este colegio". Australasian
Union Conference Record, 26 de Julio de 1899.
Pero llegó un día no muchos meses después cuando, en 1900,
se vieron frente a un feriado. Sin dar la debida consideración a los extensos
efectos de ciertas actividades, el personal del colegio, mayormente obreros de
Norteamérica, hicieron planes para que, después de una reunión durante la
mañana en la cual la hna. White había de dirigir la palabra a los estudiantes,
se dedicara la tarde a juegos. Algunos de estos juegos eran de un carácter tal
que creaban en el corazón de estos jóvenes el amor al placer y la concentración
en los deportes, y el programa de la tarde se dedicó a actividades y juegos. En
estas circunstancias se dio el consejo que se halla registrado en Consejos
para los Maestros, pp. 266-271.
Estos consejos han inducido a algunos a sentir que es
pecaminoso dedicarse a juego alguno, especialmente juegos en los cuales se usa
una pelota. Una lectura cuidadosa de la declaración de la hna. White a la luz
de los principios expuestos en la carta a aquel joven, según se los presenta en
El Hogar Adventista, deja ver claramente que tal no es el caso. El punto
en discusión es algo más grande y profundo y de mayor alcance; la promoción del
amor al placer, que tan fácilmente desplaza el amor a Dios. Es el dedicarse a
actividades que en sí mismas pueden ser inocentes pero que pueden en su exceso
llegar a ser idolatría.
A la luz de estos principios, veo claramente una diferencia
definida entre un día de recreación en el cual se participe en ciertos juegos,
y el desarrollo de equipos bien entrenados en nuestros colegios secundarios o
superiores para dedicarse a un programa de deportes. Cuando un grupo de jóvenes
cristianos, o miembros de una iglesia o empleados de una institución, se reúnen
para un día de recreación, pueden jugar ciertos juegos. No hay en esos casos
período de entrenamiento ni gran gasto de medios. Unas pocas horas pasadas
juntos, se acaban los juegos, y el día proporcionó recreación. Cuán distinto es
esto de un programa en el que los jóvenes pueden sentirse llamados a dedicar
horas al entrenamiento día tras día, en que se glorifica a ciertos jugadores, y
en que unos pocos jóvenes son los que obtienen el ejercicio mientras que los
otros están de espectadores y solamente gritan. Esto no es verdadera
recreación. La diferencia es obvia.
Y aquí llegamos al asunto de los deportes intercolegiales.
Cuando los equipos de deportes de un colegio contra los equipos deportivos de
otro colegio, los problemas que pueden surgir en un grado limitado en una
institución se intensifica en gran manera. El gran tema de interés durante
semanas de anticipación es el partido a jugarse. El tema de conversación e
interés después del partido, es acerca del partido jugado. Esto promueve una
excitación y un amor hacia el placer que apartan a nuestros jóvenes de un mundo
enfermo que está deslizándose a su condenación. Por esta razón no se han
fomentado los deportes intercolegiales en nuestras instituciones adventistas
del séptimo día. Al examinar los frutos que ofrecen estas actividades, hallamos
que no alcanzan a aquello que en nuestro corazón comprendemos es lo mejor, y
que el Espíritu de Profecía nos ha presentado como lo mejor.
El año pasado, en Australia Occidental, conversé con uno de
nuestros médicos que habían estado cuando joven en el colegio en ocasión de
esta experiencia en Avondale. Me dijo que a la luz de los consejos de la hna.
White, él y otro joven se reunieron para estudiar lo que podían hacer para
ayudar a los que los rodeaban. Hallaron que había muchas cosas que podían hacer
que proveían recreación y proporcionaban esa experiencia alentadora para el
alma que ofrece el servicio cristiano. En poco tiempo comprendieron el valor de
los consejos de la hna. White, que señalan las ventajas de hallar recreación en
actividades que fortalecen el carácter además del cuerpo.
Comprendo que a medida que crecen nuestros colegios, es más
difícil cumplir con el ideal de Dios de un programa de trabajo y estudio. Es
más difícil para los jóvenes hallar actividades que proporcionen remuneración
en el ambiente del colegio. Pero ¿no habría todavía muchas actividades que
podrían proporcionar algo valioso para el beneficio general del alumnado y el
colegio, aún cuando no reportasen remuneración financiera?
Reconozco el lugar del gimnasio en el campus del colegio,
así como lo hizo Elena G. de White. Ella destaca que, "Los ejercicios
gimnásticos son útiles en muchas escuelas," La Educación, p. 205;
pero sigue recalcando que la recreación más beneficiosa y total se halla en el
trabajo productivo. ¿No debiéramos esforzarnos siempre por lograr esto? Cuando
nos dedicamos a los diversos juegos en el colegio o en el gimnasio ¿no
debiéramos esforzarnos para que la actividad sea tal que constituya verdadera
recreación, que no nos desvíe de nuestra experiencia espiritual ni de nuestros
logros mentales en el colegio?
Que nuestros jóvenes se hagan estas preguntas: ¿Porqué
estudiamos en una academia o colegio cristiano? ¿Cuáles son nuestros objetivos?
¿Contribuyen todas nuestras actividades a estos objetivos? Me siento confiado
de que nuestros alumnos experimentarán ricas bendiciones del Señor en la medida
en que evalúen este asunto desde el punto de vista de los principios básicos.
Aquellos que deseen estudiar con mayor extensión las
declaraciones de Elena G. de White referentes a la recreación hallarán
interesante material en los siguientes libros: La Educación, pp.
203-218; Consejos para Maestros, pp. 244-266; una sección entera se
dedica a la recreación en El Hogar Adventista, pp. 447-478. En estos
libros se nos muestran claramente los principios involucrados.
ELLEN G.
WHITE PUBLICATIONS
Washington, D.C.
Diciembre de 1967
ELENA G. DE WHITE Y LOS DEPORTES COMPETITIVOS
por Ron Graybill
Investigador asistente del Ellen G. White Estate
No tenemos ningún registro de los triunfos y fracasos del
Battle Creek College Raspantes -- o cualquiera fuera el nombre que le dieran a
su cuadro de fútbol. Tampoco sabemos quien ganó los encuentros pugilísticos
realizados en el sótano del edificio del colegio. Pero las declaraciones de
Elena G. de White con relación al ejercicio y la recreación son suficientemente
claras sin necesidad de estos antecedentes. A su parecer, la peor situación
para estudiantes, o cualquier otra persona, sería carecer de ejercicio. Este
punto de vista básico fue enfatizado en su primera declaración sobre educación,
escrita en 1872. Ella la desarrolla así en La Educación: "Los
alumnos deben hacer ejercicios vigorosos. Pocos males deben ser más temidos que
la indolencia y la falta de propósito" (p. 210).
¿Cuáles son los resultados de la inactividad física? Tres
cosas: "todo el organismo se debilita y enferma" (Ibid., p.
208); "a menudo la mente se desequilibra" (Ibid. p. 209); la
fortaleza moral es lesionada y "se abre la puerta a la impureza". (Loc.
cit.)
Pero estas son solo las consecuencias generales. Revisando
someramente el Index, bajo "Ejercicio (físico) -- falta de",
descubrimos un catálogo completo de desastres. La circulación sanguínea se
debilita por falta de ejercicio, y la sangre se torna impura. Los poderes
mentales se ven debilitados y restringidos, y aún el agotamiento mental es
fomentado por la falta de ejercicio. Los ministros sufren y se debilitan a
causa de esta carencia y su salud pobre, muchas veces se debe a esta causa. Los
músculos se tornan blandos y débiles, y el sistema nervioso se desequilibra; la
piel, vasos e intestinos quedan afectados por la enfermedad; en síntesis el
"sistema entero sufre" por la falta de ejercicio.
"La voluntad va a la par del trabajo manual",
dice Elena de White, "y cuando la voluntad está adormecida, la imaginación
se torna anormal, de tal manera que es imposible resistir la enfermedad. La
inactividad es la mayor maldición que le podría sobrevenir a alguien en esas
condiciones." Counsels on Health , p. 199.
Estoy seguro de que no hay discusión posible sobre este
punto; la peor situación es la inactividad ¿Cuál será, entonces, la mejor
situación?
"En general", nos dice Elena de White, "el
ejercicio más benéfico para la juventud es el trabajo útil. El niño halla en el
juego a la vez diversión y desarrollo, y sus deportes deberían ser de tal
naturaleza que promovieran no sólo sus crecimiento físico, sino también el
mental y el espiritual. Cuando aumentan su fuerza y su inteligencia, su mejor
recreación la encontrará en algún esfuerzo útil." La Educación, p.
215.
En lugar de diversiones que solamente entretienen, Elena G.
de White nos dice que "el Señor ha declarado que para ellos la mejor
manera...[para los alumnos] de obtener ejercicio físico es por medio del
adiestramiento manual, y permitiendo que el empleo útil reemplace el placer
egoísta". Consejos para Maestros, p. 338.
Entiendo bien que un consejo así suena en nuestros oídos
como un sonido extraño. Pero debemos resistir la tentación de desestimar estos
consejos. Cuando examinamos los peligros de los deportes atléticos, muchos de
nosotros, si somos sinceros al respecto, descubriremos que nosotros mismos
somos víctimas de muchos de los peligros de los que tan noblemente tratamos de
proteger a la juventud. Deberíamos ser suficientemente honestos como para
reconocer que en esta situación nuestros propios gustos y deseos pueden
fácilmente pervertir nuestro juicio y receptividad al mensaje que el Espíritu
de Dios quiere transmitirnos.
Cuando Elena G. de White nos dice que "tanto como sea
posible, toda escuela debería disponer de medios para proporcionar una
educación manual" (La Educación, p. 217), nos sentimos tentados a
poner el énfasis sobre la frase condicionadora y decidimos que eso es
imposible.
Y cuando ella continúa puntualizando que "esa
educación reemplazará en gran medida al gimnasio con el beneficio adicional de
constituir una valiosa disciplina", entonces nos aferramos con todas
nuestras fuerzas de la frase condicionadora, ¡"Tanto como sea
posible"! ¿Deberíamos realmente reaccionar así?
¿No debiéramos más bien estar pensando en los medios de
hacer que la sierra, el martillo, la llave, el rastrillo y la azada estén en
mejores condiciones de competir con la raqueta de tenis o el bate de béisbol?
Yo soy el primero en reconocer que realmente gozaba de mis horas en la cancha
de tenis en el colegio, pero recientemente he tenido la oportunidad de
cuestionar la sabiduría de quienes me fueron orientando en mi progreso
académico y me llevaron hasta la graduación sin saber como reemplazar la
plomería del baño.
Sin lugar a dudas nos suena algo extraño que Elena G. de
White diga que "se debería disponer de jardines, talleres y salas de
tratamiento" en nuestras escuelas (Ibid., p. 218). Pero ¿no es
lastimoso que alguien haya estudiado en el colegio y tenga tres años de
estudios de posgrado y casi no pueda conseguir que en el fondo de su casa
crezcan los rabanitos?
Elena G. de White dice que "al hacer planes para el
cultivo de las plantas, el maestro debería esforzarse por despertar interés en
el embellecimiento de la propiedad escolar y del aula." (Ibid., p.
212), pero no considera esto como un trabajo penoso que el alumno deba realizar
para ganar algo de dinero que se acredite en su cuenta. Visualiza a maestros y
alumnos trabajando juntos en estos proyectos; planificando y desarrollando
gustos, aptitudes e intereses nuevos y útiles.
Bueno, debo confesar que trabajé con la tierra en mis años
de estudios secundarios. Planté interminables líneas de pimientos y tomates
bajo el sol calcinante de California. Pero por alguna razón, raramente tuve la
compañía de algún maestro allí afuera conmigo, hablándome, enseñándome y
compartiendo o planeando conmigo. "El sacrificio que se le pide al maestro
es grande", dice Elena G. de White, "pero, si lo hiciera, cosecharía
una rica recompensa." (Loc. cit.)
Creo más bien que hubiera cosechado una rica recompensa a
la par, no solamente por el compañerismo del maestro sino también de la
oportunidad de aprender algo acerca de la tierra y las plantas sobre las cuales
estaba transpirando. ¿Cómo pude haber pasado por dieciocho años de educación
adventista sin saber cómo mantener un césped vigoroso?
No pretendo apartarme de los consejos de Elena G. de White.
Solamente me permite afirmar que, de haber sido seguido, yo habría sabido tanto
acerca de cómo transformar mi casa en más atractiva, placentera y valiosa cómo
sé acerca de plantar algunas semillas. Ahora mismo necesitaría saber como
impermeabilizar mi chimenea. Tengo mis serias dudas acerca de que vuelva a necesitar
saber nuevamente alguna vez cómo hacer para batear una pelota de béisbol.
Elena G. de White, sin embargo, no pretende que cada
escuela tenga un programa ideal. Ella habla acerca de cómo en los tiempos
antiguos de nuestro mundo, padres y niños vivían junto a la naturaleza y
estudiaban juntos sus bellezas y misterios (Ibid., p. 211). En sus
palabras: "Aunque no podamos volver plenamente a los hábitos sencillos de
aquellos tiempos primitivos, podemos aprender lecciones de ellos que
contribuyan a que nuestros momentos de recreación sean lo que su nombre
implica: Momentos de verdadera edificación para el cuerpo, la mente y el
alma". (Loc. cit.)
Ella reconoce también que "la gimnasia es útil en
muchas escuelas" (Ibid., p. 210). Pero agrega que "a menudo se
la lleva al exceso". Ella contestó a un alumno de medicina que le
escribió: "No condeno el ejercicio sencillo de jugar a la pelota". Mensajes
Selectos, Vol. 2, p. 371. Pero ella dice que esto también puede llevarse al
exceso.
¿Cuáles son, entonces, lo peligros de un programa de
atletismo, y cómo podemos evitarlos? Cuando comencé a escribir este artículo,
dos o tres hombres estaban conversando en el pasillo de la Asociación General,
justamente frente a mi oficina. Uno le estaba contando al otro que acababa de
asociarse a un Club de bowling o bolos. En este club había una dama que
pertenecía a otros clubes. La dama gastaba de 35 a 40 dólares por semana en
bowling.
"No condeno el ejercicio sencillo de jugar a la
pelota." escribió Elena G. de White (aunque no refiriéndose al bowling),
"pero, éste, aún en su sencillez puede practicarse con exageración.
Siempre me estremezco a causa de los resultados que casi con seguridad seguirán
después de esta clase de diversión. Conduce a gastar los recursos que deberían
emplearse para llevar la luz de la verdad a las almas que perecen sin
Cristo." (Loc. cit.)
Aquí está, por tanto, uno de los peligros de los deportes
atléticos: los gastos o inversiones que requieren. Naturalmente, cuanto más
profesionales sean los programas atléticos, cuanto mejor organizados estén los
juegos, más intensa será la competencia, y mayor la tentación de invertir
dinero en equipo, viajes, alquiler de facilidades, y en el caso de una
institución, los de mantenimiento o construcción de facilidades. En este mismo
pasaje, Elena G. de White dice que "es la forma" en que los juegos de
pelota "han sido orientados en el colegio" de Battle Creek que
"no lleva la aprobación del cielo"...Se advierten manifestaciones de
hábitos, costumbres y prácticas mundanos, y los que participan de esas cosas
quedan tan embelesados e infatuados, que el cielos los declara amadores del
placer más que de Dios." (Loc. cit.)
Aquí se evidencia un segundo peligro en los deportes
atléticos. Si no son conducidos con propiedad se vuelven absorbentes e
infatúan.
Permítanme reseñar ahora la mayor parte del resto de los
consejos de Elena G. de White y sus advertencias sobre los deportes atléticos
con un párrafo clave de La Educación:
Los juegos que ocupan una porción tan grande de su tiempo
[de los alumnos], apartan su mente del estudio. No contribuyen a preparar a la
juventud para la obra práctica y seria de la vida. Su influencia no tiende
hacia el refinamiento, la generosidad o la verdadera virilidad.
Algunas de las diversiones más populares, como el fútbol y
el boxeo, se han transformado en escuelas de brutalidad. Tienen las mismas
características que tenían los juegos de la antigua Roma. El amor al dominio,
el orgullo por la mera fuerza bruta, el temerario desprecio manifestado hacia
la vida, están ejerciendo sobre los jóvenes una influencia desmoralizadora que
espanta.
Otros juegos atléticos, aunque no sean tan brutales, son
apenas menos objetables, a causa de que se los practica en exceso. Estimulan el
amor al placer y a la excitación, fomentan la antipatía hacia el trabajo útil,
y desarrollan una disposición a evitar las responsabilidades y los deberes
prácticos. tienden a destruir el gusto por las realidades serias de la vida y
sus apacibles satisfacciones. Así se abre la puerta a la disipación y la
ilegalidad, con sus terribles resultados." pp. 210, 211.
Lean otra vez esta cita y pregúntense a sí mismos: ¿No es
verdad que cada peligro aquí descripto se torna aún más serio a medida que la
competencia se vuelva más intensa?
Cuanto mayor sea la competencia involucrada, más tiempo
insume del estudiante y más se aparta de la preparación práctica de la vida.
Cuanto más intensa sea la competencia, mayor será la brutalidad exhibida en el
juego -- como cualquier árbitro de fútbol o básketbol puede testificar. Cuanto
mayor es el incentivo ofrecido, mayor será el amor por la victoria, y por el
dominio. Ganar es el único blanco. El futuro es ahora. Perder es
morir. Cuanto mayor sea la competencia, mayor y más temerario se vuelve el
descuido por la vida. Cuando son las metas de la competencia las que dominan un
evento de atletismo, mayores son el estimulo y la excitación. Es así como los
deberes prácticos son más descuidados, como las sobrias realidades de la vida y
sus placeres tranquilos pierden su realidad, y la puerta se abre de par en par
al libertinaje.
Durante el furor de las bicicletas en la década de 1890,
Elena G. de White fue llamada por su Guía, quien le dijo, "Sígueme".
Le fueron mostradas algunas cosas que no pueden dejarse de lado con la mera
observación de que las bicicletas eran más caras en esos días. Le fueron
mostradas algunas cosas que son aplicables a cualquier situación en que las
competencias atléticas son preferidas al desarrollo armonioso de la mente, del
cuerpo y del espíritu para la gloria de Dios.
Una influencia satánica pareciera estar pasando como una
ola sobre nuestra gente [en Battle Creek], y yo vi que esto será seguido por
otras tentaciones. Satanás trabaja con un intenso propósito de inducir a
nuestro pueblo a ocupar su tiempo y dinero en gratificar necesidades
imaginarias. Esto es una especie de idolatría...
Había algunos que estaban luchando por el dominio, cada uno
tratando de ganar en la veloz carrera de sus bicicletas. Se manifestaba un
espíritu de rivalidad y contienda por ver cual sería el más destacado. El
espíritu era similar al manifestado en los juegos de béisbol en el predio del
colegio. Dijo mi guía: "Estas cosas son una ofensa a Dios." -- Testimonies,
vol. 8, pp. 51, 52.
En 1899, Elena G. de White estaba en Sidney, Australia,
oportunidad en la que se encontró con una multitud en una calle. "Cientos
y cientos, por no decir miles, estaban allí congregados. '¿Qué es lo que pasa?'
pregunté. 'Es por el juego de cricket, 'fue la respuesta. Y mientras los
hombres estaban jugando el partido de cricket, y otros estaban observando el
juego, Satanás estaba jugando el juego de la vida por sus almas.'"En
Acuerdos de la Unión Australiana, Julio 26, 1899.
No estemos aquí hablando meramente acerca de béisbol, flagbol,
o básketbol. Estamos hablando de un juego mucho más importante: el juego de la
vida. Nuestro oponente es Satanás, y solamente aquí se puede verdaderamente
decir, "Ganar no es todo -- es lo único."
The Ministry, Julio de 1974
CONSEJOS ACERCA DE JUEGOS Y RECREACIONES
En sus escritos publicados, Elena G. de White sugiere
algunos principios para guiar al cristiano en su comprensión de lo que
constituye una vida victoriosa. Y ya que la vida incluye recreación tanto como
trabajo, es de esperar y desear que se sugieran principios saludables y sabios
para guiarnos en la elección del más alto nivel de trabajo y juego. Elena G. de
White escribió:
"Algo mejor" es el santo y seña de la educación,
la ley de toda vida verdadera. Al pedirnos Cristo que abandonemos alguna cosa,
nos ofrece en su lugar otra mejor. A menudo los jóvenes albergan propósitos y
anhelan ocupaciones y placeres que no parecen malos, pero que distan mucho de
ser buenos. Desvían la vida de su más noble propósito. Las medidas arbitrarias o
la acusación directa pueden no servir para inducir a esos jóvenes a renunciar a
lo que desean. Diríjaselos en contacto con una belleza más verdadera, con
principios más elevados y con vidas más nobles. Permítaseles ver a Aquel que es
"del todo amable". Una vez que la mirada se fija en él, la vida halla
su centro. El entusiasmo, la devoción generosa, el ardor apasionado de la
juventud hallan en esto su verdadero objetivo. El deber llega a ser un deleite
y el sacrificio un placer. Honrar a Cristo, asemejarse a él, es la ambición
superior de la vida, y su mayor gozo.
"El amor de Cristo nos constriñe" 2 Cor. 5:14. La
Educación, p. 296-297.
Ese "algo mejor", en lo que al campo de la
recreación concierne, incluirá un llamado a la vida al aire libre, al estudio de
la naturaleza, a escalar, a cabalgar, a nadar, a remar, y cuando se trata de
lograrlo bajo techo, a la buena lectura, a cantar en grupos, a la vida social e
invitación de amigos para almorzar o cenar, hobbies, etc.
Como diríamos hoy, los juegos y las competencias deportivas
siempre dejaron a la Sra. de White "fría", esto es, nunca la
entusiasmaron. Muchas personas que realmente han dado estudio a este asunto de
los juegos, sienten de la misma manera. Pero esa frialdad que reflejan los
escritos de Elena G. de White hacia los juegos, representa una sabiduría a la
cual miles de devotos al juego y a las competencias deportivas, si pensaran y
meditaran seriamente en ella, aprobarían.
Cuando el Espíritu de Profecía aconseja a los cristianos
que se aparten de cosas tales como las damas y el ajedrez que son aparentemente
tan inocentes, observamos que la Sra. de White simplemente se estremece ante
los resultados a los que estos juegos generalmente conducen. Es en la estela de
estos así llamados entretenimientos inocentes como se desarrolla el apetito por
entretenimientos más excitantes y se pierde el gusto por las realidades de la
vida tales como el trabajo útil, los negocios, los estudios escolares, etc.
Hay una filosofía de la historia que trata acerca del juego
de la vida y de cómo los hombres y las mujeres lo han jugado a través de los
siglos. También hay una filosofía del juego como tal. Y son estos juegos los
que frecuentemente hacen que el juego de la vida -- el juego más grande e
importante -- sea más difícil de jugar y más dificultoso de ganar.
Una filosofía básica y reveladora, aplicada a todos los
juegos, aparece claramente establecida en la cita a la que acabamos de
referirnos. La Sra. de White escribió de "objetivos, prácticas, y placeres
que no parecen malos, pero que distan mucho de ser buenos. Desvían la vida de
su más noble propósito". Nótese la palabra "desvían". En el
juego de la vida, Satanás juega de un lado y usa diversas tácticas para
distraer y desviar. Estas diversiones distraen la atención de los verdaderos
propósitos y objetivos de la vida y así sirven para apartar de su curso al
barco de la vida, llevándolo a aguas peligrosas.
En el libro La Educación, p. 210, la Sra de White
establece principios que tienen que ver con ciertos deportes populares.
Algunas de las diversiones más populares, como el fútbol, y
el boxeo, se han transformado en escuelas de brutalidad. Tienen las mismas
características que tenían los juegos de la antigua Roma. El amor al dominio,
el orgullo por la mera fuerza bruta, el temerario desprecio manifestado hacia
la vida, están ejerciendo sobre los jóvenes una influencia desmoralizadora que
espanta. Otros juegos atléticos, aunque no sean tan brutales, son apenas menos
objetables, a causa de que se los practica en exceso. Estimulan el amor al
placer y a la excitación, fomentan la antipatía hacia el trabajo útil, y
desarrollan una disposición a evitar las responsabilidades y los deberes
prácticos. Tienden a destruir el gusto por las realidades serias de la vida y
sus apacibles satisfacciones. Así se abre la puerta a la disipación y la
ilegalidad, con sus terribles resultados. La Educación, p. 210.
La declaración anterior es una declaración inspirada. Si la
leemos cuidadosamente y sin prejuicios, nos contestará muchas preguntas. El
principio establecido aquí se aplica por supuesto a juegos atléticos, desde el
fútbol y el boxeo hasta los juegos atléticos menos objetables. Pero en un grado
menor, el principio establecido aquí se aplica a juegos de mesa tales como el
ajedrez, etc. Nótense los puntos mencionados: 1) "Se los practica con
exceso". 2) "Estimulan el amor al placer y a la excitación". 3)
"Fomentan la antipatía hacia el trabajo útil". 4) "Desarrollan
una disposición a evitar las responsabilidades y los deberes prácticos".
5) "Tienden a destruir el gusto por las realidades serias de la vida y sus
apacibles satisfacciones". 6) "Así se abre la puerta a la disipación
y la ilegalidad, con sus terribles resultados."
En su pregunta Ud. menciona a un joven que jugaba ajedrez
desde la puesta del sol, el sábado de noche, hasta las dos o tres de la mañana
siguiente. En esto Ud. puede ver un cumplimiento de la declaración de la Sra.
de White, "el exceso al cual son llevados". Esto nos recuerda que
puede no haber algún mal inherente en mover figuras en el tablero de ajedrez, o
en jugar a las cartas con un grupo de amigos. Pero una vez que las semillas de
idolatría están sembradas, la planta comienza a crecer. Y en algunas personas
se transforma en un gran árbol, destruyendo toda otra planta saludable y buena
que lo rodea. Esto no sucede con todos, por supuesto.
Dios trata de prevenir eventualidades desafortunadas. A la
sierva del Señor se le pidió que desalentara el afecto a los entretenimientos y
placeres que provocan la aversión por el trabajo útil y la disposición a rehuir
el trabajo práctico.
Si nosotros entendiéramos, tal como es nuestro privilegio
hacerlo, el blanco que debemos alcanzar -- la santidad, la semejanza a Dios en
carácter -- rehuiríamos las diversiones debilitantes y empobrecedores, en favor
de la mejor educación, cultura, y pasatiempos.
No estamos diciendo que un hombre se transforma en pecador
porque juegue al ajedrez o las damas. Simplemente decimos que Dios busca lo
mejor para nosotros. El sabe que nosotros necesitamos recreación, y nos invita
a buscarla en las áreas donde podemos edificar en nuestras vidas la mayor
felicidad y riqueza de conocimiento. "¿Qué es la paja en comparación del
trigo?" Esta es una pregunta de la Biblia, y si podemos conseguir algo
mejor que las cosas comunes y baratas, ¿por qué no elegirlas? Seremos
enriquecidos por ello y agradaremos a Dios.
"Counsel Clinic". Youth's
Instructor,
17 de enero, 1966.
RESPUESTA DE ELENA G. DE WHITE A UNA PREGUNTA SOBRE
ENTRETENIMIENTO
PREGUNTA:
¿Debemos entender por lo que Ud. ha dicho en sus
testimonios en favor de la recreación, que Ud. aprueba diversiones baratas
tales como las damas, el ajedrez, las charadas, el chaquete, etc.?
En esta Asociación a menudo se afirma que Ud. ha
manifestado interés en las diversiones que se practican en el Instituto de
Salud de Battle Creek, que Ud. juega a las damas y lleva consigo un tablero de
damas, al visitar a los hermanos de lugar en lugar.
RESPUESTA
Desde que profesé ser una seguidora de Cristo a los 12 años
de edad, nunca he tenido nada que ver con los juegos y diversiones mencionados
arriba. Tampoco y en ningún momento he dicho cosa alguna en favor de estos
juegos. No sé como jugar a las damas, el ajedrez, el chaquete, el zorro y el
ganso, ni ninguna cosa parecida. He hablado en favor de la recreación, pero
siempre he tenido una gran duda acerca de los entretenimientos introducidos en
el Instituto de Salud de Battle Creek, y he presentado mis objeciones a
médicos, directores y otras personas, en conversación con ellos, y mediante
numerosas cartas.
En Testimonies, Vol. 1, pp. 514, 515, me he
expresado acerca de la "Recreación del Cristiano" en los siguientes
términos:
Me fue mostrado que los guardadores del sábado como pueblo,
trabajan demasiado duramente, sin permitirse a sí mismos un cambio o períodos
de descanso. La recreación es necesaria para aquellos que están ocupados en
trabajo físico, y es mucho más esencial aún para aquellos cuyo trabajo es
mayormente mental. No es esencial para nuestra salvación, ni para la gloria de
Dios, que mantengamos la mente trabajando constante y excesivamente, aunque
ello fuera sobre temas religiosos. Hay entretenimientos tales como el baile,
los naipes, el ajedrez, las damas, etc., que no podemos aprobar puesto que el Cielo
los condena. Estos entretenimientos abren la puerta a un mal mayor. No sólo no
son beneficiosos en su tendencia, sino que tienen una influencia excitante, que
en algunas mentes produce tal pasión por esos juegos que finalmente lleva al
juego y a la corrupción. Todos estos juegos deber ser condenados por los
cristianos, y se los debiera reemplazar por algo perfectamente inocuo.
Vi que nuestros feriados no debieran ocuparse en una forma
semejante a la que tiene el mundo; a pesar de ello, no debieran pasar ignorados
porque ello producirá insatisfacción en nuestros hijos. En estos días cuando
existe el peligro de que nuestros hijos se vean expuestos a influencias malas y
lleguen a contaminarse con los placeres y excitación del mundo, estudien los
padres la forma de encontrar algo que sustituya esos entretenimientos más
peligrosos. Haced que vuestros hijos comprendan que lo que estáis buscando es
su bien y su felicidad.
Unanse varias familias que viven en la misma ciudad o
pueblo, dejen las ocupaciones que los han estado desgastando física y
mentalmente, y hagan una excursión al campo, a la orilla de algún hermoso lago
o un atractivo bosque, donde el paisaje de la naturaleza sea bello. Para una
ocasión tal deberían proveerse de alimento simple y nutritivo, de las mejores
frutas y cereales que sea posible obtener, y poner su mesa debajo de la sombra
de algún árbol o bajo el abierto dosel del cielo. La caminata, el ejercicio y
el paisaje avivarán el apetito, y gozarán juntos de un banquete que envidiarían
los reyes.
En tales ocasiones los padres y los niños debieran sentirse
libres de las preocupaciones, del trabajo y de la perplejidad. Los padres
deberían volverse como niños con sus niños, haciendo que todos les resulte lo
más placentero posible. Que todo el día sea dedicado a la recreación. El
ejercicio al aire libre para aquellos cuyo empleo los mantiene de puertas
adentro y en ocupaciones sedentarias, será beneficioso para la salud. Todos los
que puedan hacerlo deberían sentir que es su deber hacer algo así. Nada se
perderá y será mucho lo que se ganará. Podrán así volver a sus ocupaciones con
nueva vida y nuevo ánimo para ocuparse de sus trabajos con energía, y estarán
mejor preparados para resistir la enfermedad. Testimonies, Vol. 1, pp.
514, 515.
Los que están vinculados con el Instituto de Salud, ubicado
ahora en Battle Creek, debieran sentir que están comprometidos en una tarea
solemne e importante; y de ninguna manera debieran seguir el ejemplo de los
médicos de la institución de Dansville en cuestiones de religión y diversiones.
Vi que habría peligro en imitarlo aún en muchas otras cosas, perdiendo así de
vista el carácter exaltado de nuestro gran trabajo. Que si los que están
vinculados con esta empresa rebajan los altos principios de la verdad presente,
para imitar en teoría y práctica a los que dirigen instituciones donde los
enfermos son tratados solamente con miras al restablecimiento de su salud, y
que si dejan de considerar su trabajo desde el punto de vista de las elevadas
normas religiosas, la bendición de Dios no será mayor sobre estas instituciones
que sobre aquellas donde se enseñan y practican teorías corruptas.
Se me mostró que la posición del Dr. E. Jackson
concerniente a las diversiones está equivocada, y que sus puntos de vista sobre
el ejercicio físico no son totalmente correctos. Las diversiones que él
recomienda obstruyen la recuperación de las salud en muchos casos por cada uno
al que tratan de ayudar. El condena en gran medida el trabajo físico para los
enfermos y sus enseñanzas en muchos casos han demostrado ser muy perjudiciales
para ellos. Un ejercicio mental como el que se requiere para jugar a las
cartas, el ajedrez, o las damas excita y agota el cerebro y obstaculiza la
recuperación, mientras que una labor física liviana y placentera ocupará el
tiempo, mejorará la circulación sanguínea, aliviará u restaurará el cerebro y
demostrará ser un decidido beneficio para la salud.
Pero quítenle al inválido todas estas ocupaciones, y se
volverá inquieto, y, con una imaginación enfermiza, considerará su caso mucho
más desesperado de lo que en realidad es, todo lo cual tiende a llevarlo a la
imbecilidad.
Por muchos años se me ha mostrado de tiempo en tiempo que a
los enfermos debiera enseñárseles que es un error suspender todo trabajo físico
para recuperar la salud. Al hacer esto la voluntad se adormece, la circulación
se hace perezosa, aumentan por tal causa las impurezas. Si hay peligro de que
los pacientes crean que su caso es más desesperado de lo que en realidad es, la
indolencia seguramente producirá resultados de los más desgraciados. El trabajo
bien regulado da al inválido la idea de que no es totalmente inútil en el mundo
y que él es, por lo menos en parte, capaz de producir algún beneficio. Esto le
acarreará satisfacción, le dará ánimo y le impartirá un vigor tal como los que
nunca podrían proporcionarles las diversiones mentales vanas. Testimonies,
Vol. 1, pp. 554, 555.
He contestado estas preguntas tan ampliamente como las
circunstancias me lo permiten. Si otros hermanos tienen preguntas similares
para formular, estaré contenta de contestarles también a ellos, en la medida
que el tiempo me lo permita.
Elena G. de White
Advent Review and
Sabbath Herald,
8 de octubre de 1867
DAMAS, AJEDREZ, DOMINO
(Del archivo de PREGUNTAS Y RESPUESTAS
del ELLEN G. WHITE ESTATE)
4 de diciembre de 1963.
Querido hermano...
En su carta del 22 de Noviembre, Ud. nos dice que ha
recibido consultas con relación a la actitud de la Sra. de White hacia el juego
de las damas y el dominó. Con respecto al dominó, no hay ninguna referencia a
este juego en los escritos de E. G: White, ya sean publicados o no. Creó que el
juego del dominó ha sido siempre considerado entre nosotros como una recreación
más bien sencilla e inofensiva.
La cuestión de las damas es un poquito más complicada,
porque este juego también tiene la apariencia de un juego sencillo, un juego de
habilidad. Creo que lo mismo puede decirse del ajedrez. Al buscar en el Comprehensive
Index, encontramos esto bajo "Juego de damas":
"Cerebro excitado y cansado por", IT 555
"Influencia excitante de", IT 514
"Dios lo condena", IT 514
"Recuperación de la salud obstaculizada por", IT
555.
En realidad hay dos declaraciones de la pluma de Elena G.
de White sobre este tema, ambas parecidas. En ambos casos las damas y el
ajedrez son mencionados conjuntamente.
En nuestra oficina debemos ser muy cuidadosos en no
intentar explicar o interpretar los escritos del Espíritu de Profecía. Es sin
embargo nuestro privilegio destacar algunos puntos sobre los cuales ella parece
colocar énfasis. La primera declaración con respecto a las damas se encuentra
en el artículo "Recreación del Cristiano", aparece en Testimonies,
Vol. 1, p. 514. La Hna. White discute ciertas clases de entretenimientos al
hablar de la recreación. Dentro de una categoría están aquellas cosas que son
nocivas. En la otra, están aquellas que son inofensivas, y que debieran
sustituir a las perjudiciales.
Yo creo que debiéramos alejarnos de algunas de estas cosas
como para verlas en su perspectiva total. Al mencionar las damas y el ajedrez,
Elena G. de White indica que estas diversiones abren la puerta a un gran mal.
Producen "en algunas mentes una pasión por esos juegos que llevan a jugar
por dinero y a la disipación". ¿No nos proporciona esto una guía? Yo creo
que sí. Hay ciertas cosas que en sí mismas pueden no ser dañinas, pero pueden
abrir las puertas para otras cosas. Pueden abrir la puerta para otras cosas, y
me da la impresión que esta es la categoría en que Elena G. de White coloca a
las demás, al ajedrez, etc.
Esto me recuerda una declaración de Elena G. de White
relacionada con el juego de la pelota. La encontrará en El Hogar Adventista, p.
453:
No condeno el ejercicio sencillo del juego de pelota: pero
aun esto, con toda su sencillez, puede ser llevado a la exageración. Siempre
temo el casi seguro resultado que sigue a estas diversiones.
Continúa entonces numerando los varios puntos que destacan
los principios involucrados.
La segunda declaración sobre las damas, que aparece en Testimonies,
Vol. 1, p. 555, fue publicada originalmente en el mismo panfleto que la
declaración anterior, en el capítulo sobre "La Recreación del
Cristiano". Así que son de la misma época. En esta segunda declaración,
Elena G. de White se refiere al Instituto de Salud. Ud. observará que hace
referencia a la visión que le fue dada el 25 de diciembre. Ella y su esposo
acababan de estar en la institución médica de Dansville, Nueva York, dirigida
por el Dr. Jackson. El Dr. Jackson tenía muchas cosas buenas para ofrecer, pero
se iba a un extremo al presionar a sus pacientes a que se abstuvieran de pensar
en cosas serias y religiosas, y que se ocuparan en ciertos entretenimientos
como una ayuda en la recuperación de la salud. El baile era una práctica
habitual. Esta característica de la filosofía del Dr. Jackson fue contrastada,
en la visión que recibiera Elena G. de White, con los principios verdaderos que
tienen que ver con la recuperación de la salud, con el uso de la mente, y con
la forma en la que hombres y mujeres pueden hacer el mejor progreso para un
desarrollo completo. Fue en relación a esto que ella escribió:
Se me mostró que la posición del Dr. E. Jackson
concerniente a las diversiones está equivocada, y que sus puntos de vista sobre
el ejercicio físico no son totalmente correctos. Las diversiones que él
recomienda obstruyen la recuperación de la salud en muchos casos por cada uno
de los que tratan de ayudar. El condena en gran medida el trabajo físico para
los enfermos, y sus enseñanzas en muchos casos han demostrado ser muy
perjudiciales para ellos. Un ejercicio mental como el que se requiere para
jugar a las cartas, el ajedrez o las damas excita y agota el cerebro y
obstaculiza la recuperación, mientras que una labor física, liviana y
placentera ocupará el tiempo, mejorará la circulación sanguínea, aliviará y
restaurará el cerebro y demostrará ser un decidido beneficio para la salud.
Volviendo ahora al capítulo sobre recreación, Ud. notará
que Elena G. de White puntualiza, que hay ciertas cosas que no son beneficiosas
en su tendencia, sino que tienen una influencia excitante, y acerca de ellas
comenta: "Todos esos juegos debieran ser condenados por los cristianos y
reemplazados por algo perfectamente inofensivo" (p. 514). Esto nos da una
considerable amplitud, pero requiere que hagamos nuestras decisiones basándonos
en los principios que involucra.
Pienso que debemos profundizar por debajo del significado
de una palabra para encontrar estos principios. Un cristiano vive por
principios. Hay sin embargo una iglesia donde la gente no necesita pensar. No
tiene que hacer decisiones. Se les indica desde arriba lo que deben o no deben
hacer, y en circunstancias especiales pueden conseguir permiso del sacerdote
para hacer aún aquello que la iglesia en general proscribe. Esto no sucede con
los Adventistas del Séptimo Día. Nunca fue dado el Espíritu de Profecía para
tomar el lugar de la fe, el estudio, la iniciativa, o el trabajo diligente.
Muestra el camino. Nos muestra algunos peligros. Pone delante de nosotros
algunos principios y deberíamos ser nosotros quienes los encontramos mediante
el estudio. Debemos entonces permitir que graviten en forma decisiva en la
determinación de nuestras actividades y el molde que imprimamos sobre nuestras
vidas.
Cuando Elena G. de White escribió sobre recreación, siempre
se refirió a la verdadera recreación. El estudio de estos principios es un
desafío para nosotros. Cuando nos encontramos con algunos problemas técnicos
como el del juego de las damas, y lo que ella dice acerca del mismo, algunos
consejos pueden parecer ilógicos, pero a medida que profundizamos en sus
implicancias vemos hacia donde tienden, y el cristiano siempre se esforzará por
moldear su vida en la dirección del ideal. Yo no consideraría necesariamente un
pecado jugar, en ciertas circunstancias, un partido de damas. Pero creo que
estos consejos deberían guiarnos al tratar de encontrar diversiones que
constituyan una mejor forma de recreación. Siempre he sentido que hay una
bendición para nosotros cuando obramos en esa dirección.
No sé si estas sugerencias podrán ayudarlo, pero esto es lo
que puedo decirle. Con los mejores deseos, y con un saludo afectuoso, su
hermano,
Arturo L. White, Secretario
Ellen G. White Publications
EL JUEGO DEL FUTBOL
(Archivo de PREGUNTAS Y RESPUESTAS)
Ellen G. White Estate. Enero 29, 1963
Apreciado hermano:
En su carta, que fue recibida esta mañana en nuestra
oficina, Ud. nos dice que le gustaría saber qué ha escrito Elena G. de White
acerca del fútbol, y cómo se lo podría aplicar a un juego de pelota bien
supervisado.(1)
Antes que hablemos del fútbol, permítame llamar su atención
a una presentación más general que preparé para uno de nuestros alumnos en una
Colegio Adventista y que trata de los deportes en general. Me refiero
primeramente a este trabajo, debido a ciertos principios que establece, y si no
los contiene este documento me gustaría hacerlo por medio de una carta personal
a Ud.. Por favor, lea este documento como una parte de mi contestación a su
pregunta.
Enfocando ahora más particularmente las declaraciones de E.
G. de White concernientes al fútbol, las encontramos en muchos de sus libros.
El libro La Educación aclara el asunto de la siguiente manera:
Con frecuencia los maestros se sienten perplejos cuando
tienen que tomar decisiones acerca de la recreación apropiada para sus alumnos.
La gimnasia es útil en muchas escuelas, pero si no se tiene cuidado, a menudo
se la lleva al exceso. Muchos jóvenes, al querer ostentar su fuerza en el
gimnasio, se han dañado para toda la vida.
El ejercicio en el gimnasio, por bien dirigido que sea, no
puede sustituir al aire libre, para la cual deberían proveer más oportunidades
nuestras escuelas. Los alumnos deben ser más temidos que la indolencia y la
falta de propósito. Sin embargo, la tendencia de la mayor parte de los deportes
atléticos es causa de preocupación para los que se interesan por el bienestar
de la juventud. Los maestros se sienten preocupados al considerar la influencia
que tienen estos deportes, tanto sobre el progreso del estudiante en la
escuela, como sobre su éxito en su vida ulterior. Los juegos que ocupan una
porción tan grande de su tiempo, apartan su mente del estudio. No contribuyen a
preparar a la juventud para la obra práctica y seria de la vida. Su influencia
no tiende hacia el refinamiento, la generosidad, o la verdadera virilidad.
Algunas de las diversiones más populares, como el fútbol y
el boxeo, se han transformado en escuelas de brutalidad. Tienen las mismas
características que tenían los juegos de la antigua Roma. El amor al dominio,
al orgullo por la mera fuerza bruta, el temerario desprecio manifestado hacia
la vida, están ejerciendo sobre los jóvenes una influencia desmoralizadora que
espanta" (p. 201).
Ud. observará aquí que Elena G. de White reconoce que debe
haber recreaciones para los jóvenes, pero ella deja afuera el fútbol, habla de
él como una escuela de brutalidad y anticipa los resultados desafortunados de
esta clase de deportes.
En un mensaje dado en octubre de 1893, dirigió a maestros y
alumnos de nuestro colegio de Battle Creek, y de nuestra otras instituciones
educativas, Elena G. de White hace una referencia tangencial al fútbol en estas
palabras registradas en La Educación Cristiana, pp. 415 y 416.
Trabajad y enseñad, trabajad a la manera de Cristo, y
entonces no haréis el trabajo mediante vuestra débil capacidad sino que
tendréis la cooperación de lo divino combinado con la aptitud humana conferida
por Dios. "Echando sobre él todo vuestro cuidado, puesto que él cuidad de
vosotros. Sed sobrios, sed vigilantes [no en jugar al fútbol ni en aprender los
juegos censurables que deberían hacer sonrojar a todo cristiano con
mortificación al reflexionar]; vuestro adversario el Diablo, como león
rugiente, anda en derredor, buscando a quien devorar". Sí, está en vuestro
patio de recreo mirando vuestras diversiones, cazando a cada alma a quien
encuentra sin cautela, sembrando sus semillas en las mentes y rigiendo el humano
intelecto. En nombre de Cristo, haced alto en el Colegio de Battle Creek y
considerad el efecto que tienen sobre el corazón, el carácter y los principios,
esas diversiones copiadas de las costumbres de otros colegios. Habéis estado
progresando, invariablemente, en los caminos de los gentiles; y no según el
ejemplo de Jesucristo, Satanás está en el terreno del colegio; está presente en
cada ejercicio de las aulas. Los alumnos, cuyas mentes se han excitado
profundamente en los juegos, no se hallan en la mejor condición para recibir la
instrucción, el consejo y la represión, que son para ellos de la mayor
importancia en esta vida y para la vida inmortal futura.
Fue también en 1893, cuando Elena G. de White escribió con
relación a nuestros colegio de Battle Creek, y de como después de un gran
reavivamiento espiritual que se había vivido en la escuela, el trabajo se vio
grandemente anulado por la excitación que produjo cierta competencia deportiva.
Ella comenta: en Mensajes Selectos, Vol. 1, p. 152:
Un período de gran luz y de derramamiento del Espíritu
santo es seguido, con mucha frecuencia, por un tiempo de gran oscuridad. ¿Por
qué? Porque el enemigo obra con todas sus energías engañosas para que pierdan
su efecto las profundas motivaciones del Espíritu Santo de Dios en el ser
humano.
Cuando los alumnos del colegio se entregaron a sus juegos
de competencia y al fútbol, cuando se dejaron absorber por las diversiones,
Satanás vio propicia la oportunidad para introducirse y dejar sin efecto al
Espíritu Santo de Dios que quiere modelar y usar a los seres humanos.
Es fácil alejar la influencia del Espíritu Santo mediante
la pereza, la conversación y el juego. Caminar en la luz significa mantenerse
avanzando en la dirección de la luz.
Yo creo que estas declaraciones que le hemos compartido
presentan un cuadro bastante claro. Si Ud. tiene los libros de los cuales ellas
han sido tomadas, por favor búsquelas y léalas en su totalidad. Ud. observará
que la preocupación de su consejo está basada sobre la diversión y la excitación
que se producen y que incapacitan a los jóvenes para las cosas más serias de la
vida, y sobre la brutalidad del fútbol que desarrolla características
desfavorables en las vidas juveniles.
Del otro documento que le sugerí que leyera como parte de
mi carta, Ud. puede observar que Elena G. de White reconoce el lugar de la
recreación en la vida de los jóvenes; ella puntualiza que no condena el simple
ejercicio de jugar a la pelota. Al desarrollar ella los principios
involucrados, vemos que el mayor peligro está en la glorificación de ciertos
jugadores, al mal uso del tiempo y del dinero, y la infatuación en juegos que
pueden virtualmente socavar los intereses religiosos. Estos son los principales
básicos que debemos extraer de ellos. Su condena no se dirige al ejercicio que
obtienen nuestros jóvenes al jugar, sino que señala peligros, como ya lo hemos
hecho notar.
Ahora bien, en su carta, Ud. pregunta cómo podemos aplicar
estos consejos al fútbol (Ver nota de pie 1, p. 43). Entiendo que en estos
juegos no hay brutalidad, y si ése fuera el caso, creo que el problema se ubica
en una categoría diferente. Si el juego es mantenido en sus elementos simples,
en el que un grupo de jóvenes obtiene recreación corriendo y arrojando una
pelota, y evitamos que se produzcan los problemas que nos son puntualizados en
estas declaraciones que revelan los principios vitales en estos deportes de
contacto corporal, entonces podría decir que esta forma de jugar al fútbol no
sería incorrecta.
Permítame decirlo de esta manera: no creo que la
condenación general del fútbol que se advierte en estas declaraciones, se
aplicaría a un fútbol tal. Elena G. de White aconseja que saquemos de nuestro
programa de recreación esas cosas que son perjudiciales y que las reemplacemos
por algo que sea perfectamente inofensivo. Vemos su declaración en Testimonies
for the Church, Vol. 1, p. 514:
Me fue mostrado que los guardadores del sábado como pueblo,
trabajan demasiado duramente, sin permitirse a sí mismos un cambio o períodos
de descanso. La recreación es necesaria para aquellos que están ocupados en
trabajo físico, y es mucho más esencial aún para aquellos cuyo trabajo es
mayormente mental. No es esencial para nuestra salvación, ni para la gloria de
Dios, que mantengamos la mente trabajando constante y excesivamente, aunque
ello fuera sobre temas religiosos. Hay entretenimientos tales como el baile,
los naipes, el ajedrez, las damas, etc., que no podemos aprobar puesto que el
Cielo los condena. Estos entretenimientos abren la puerta a un mal mayor. No
sólo no son beneficiosos en su tendencia, sino que tienen una influencia
excitante, que en algunas mentes produce tal pasión por esos juegos que
finalmente lleva al juego y a la corrupción. Todos estos juegos deber ser
condenados por los cristianos, y se los debiera reemplazar por algo
perfectamente inocuo.
Vi que nuestros feriados no debieran ocuparse en una forma
semejante a la que tiene el mundo; a pesar de ello, no debieran pasar ignorados
porque ello producirá insatisfacción en nuestros hijos. En estos días cuando
existe el peligro de que nuestros hijos se vean expuestos a influencias malas y
lleguen a contaminarse con los placeres y excitación del mundo, estudien los
padres la forma de encontrar algo que sustituya esos entretenimientos más peligrosos.
Haced que vuestros hijos comprendan que lo que estáis buscando es su bien y su
felicidad.
Unanse varias familias que viven en la misma ciudad o
pueblo, dejen las ocupaciones que los han estado desgastando física y
mentalmente, y hagan una excursión al campo, a la orilla de algún hermoso lago
o un atractivo bosque, donde el paisaje de la naturaleza sea bello. Para una
ocasión tal deberían proveerse de alimento simple y nutritivo, de las mejores
frutas y cereales que sea posible obtener, y poner su mesa debajo de la sombra
de algún árbol o bajo el abierto dosel del cielo. La caminata, el ejercicio y
el paisaje avivarán el apetito, y gozarán juntos de un banquete que envidiarían
los reyes.
En tales ocasiones los padres y los niños debieran sentirse
libres de las preocupaciones, del trabajo y de la perplejidad. Los padres
deberían volverse como niños con sus niños, haciendo que todos les resulte lo
más placentero posible. Que todo el día sea dedicado a la recreación. El
ejercicio al aire libre para aquellos cuyo empleo los mantiene de puertas
adentro y en ocupaciones sedentarias, será beneficioso para la salud. Todos los
que puedan hacerlo deberían sentir que es su deber hacer algo así. Nada ser
perderá y será mucho lo que se ganará. Podrán así volver a sus ocupaciones con
nueva vida y nuevo ánimo para ocuparse de sus trabajos con energía, y estarán
mejor preparados para resistir la enfermedad." Testimonies, Vol. 1,
pp. 514, 515.
Cuando tratamos de estas cosas en nuestras escuelas,
debemos distinguir entre los beneficios que obtenemos de la recreación sencilla
que significa un cambio de ocupación y que trae actividad física para los
jóvenes, y aquellas cosas que se vuelven bastante organizadas, que llevan a la
competencia con otras escuelas y a una excitación que deteriora el programa de
la escuela y también el bienestar espiritual de la juventud involucrada.
Confío en que esta información le será útil. Con mi mejor
deseo, le saludo afectuosamente como su hermano,
Arturo L. White, Secretario
Ellen G. White Publications
COMO ELEGIR UNA RECREACIÓN O ENTRETENIMIENTO
PREGUNTA:
Me gustaría saber que tipos de recreación son apropiados
para jóvenes adventistas.
CONSEJO:
Jesús reconoció la necesidad de un cambio, de descanso y
recreación, cuando dijo a sus discípulos, "Venid vosotros aparte..., y
descansad un poco". (Marcos 6:31) A través de su mensajera especial para
esta preciosa época en la que estamos viviendo, él nos ha dicho qué es lo que
constituye verdadera recreación:
La recreación, cuando responde a su nombre, re-creación,
tiende a fortalecer y reparar. Apartándonos de nuestros cuidados y ocupaciones
comunes, provee refrigerio para la mente y el cuerpo, y de ese modo nos permite
volver con nuevo vigor al trabajo serio de la vida." La Educación,
p. 207.
En estas palabras encontramos principios guiadores para
nuestra juventud adventista en su elección de las recreaciones. Debiera
representar un cambio de sus ocupaciones regulares; debiera refrescar
ambos, mente y cuerpo; debería hacer volver a nuestros trabajos de
rutina con nuevo vigor. En la misma forma la inspiración puntualiza qué
tipo de recreación debiera ocupar el primer lugar: "La recreación al aire
libre, la contemplación de las obras de Dios en la naturaleza, serán del mayor
beneficio." Testimonies, Vol. 4, p. 653.
"Recreación al aire libre" -- ¿qué podría ser más
refrigerante para el estudiante o para alguien cuyo trabajo lo mantiene
encerrado durante largas horas cada día? Una familia o un grupo que acampa a la
vera de algún arroyo, o lago u otro lugar hermoso, un viaje a las montañas, una
caminata por la naturaleza -- observando pájaros, o prestando atención a las
flores silvestres, árboles, helechos, la vida silvestre, o aún a los variados
tipos de rocas -- cualquiera de estas actividades puede ser refrigerante a
ambos, mente y cuerpo. Una asado de choclos en un caluroso atardecer de verano;
una noche dedicada a estudiar el cielo estrellado bajo la dirección de un
instructor competente; remar, nadar, escalar, esquiar, los juegos y deportes sencillos
al aire libre, que ofrecen ejercicio físico sin excitación innecesaria y sin
promocionar competencia o rivalidad -- no son más que algunas pocas de las
muchas actividades al aire libre que pueden hacernos volver al "activo
trabajo de la vida", con cuerpo, alma y espíritu renovados.
Aquellos cuyo trabajo es mayormente físico pueden encontrar
el cambio y el refrigerio que necesitan en una actividad diferente -- tal vez
leyendo, en la búsqueda de algún campo especial de estudio, o en el desarrollo
de alguna nueva habilidad, como música, costura, repujado en madera, radio,
fotografía, repujado en cuero, o cualquier otra labor o arte. Los que tienen
intereses similares pueden formar un grupo para encontrarse periódicamente a
fin de practicar su hobby, o estudiar algún tema en particular, ya sea de la
Biblia, los escritos del Espíritu de Profecía, o tal vez de algún área secular
útil.
Hay además, líneas de actividad misionera que pueden traer
las mayores satisfacciones, y que pueden reemplazar a la recreación como tal.
"Ninguna recreación que sea útil únicamente para ellos dará como resultado
una bendición tan grande para los niños y jóvenes como la que los induzca a ser
útiles a los demás." La Educación, p. 212. Cuidar del césped o
hacer tareas para alguien que está imposibilitado; entrar leña a una viuda
pobre, barrer sus veredas cubiertas de nieve, o hacerle los mandados; ayudar a
familias necesitadas en momentos de desastre -- tal vez el ayudar a una familia
a reedificar su casa que ha sido destruida por el fuego. En síntesis, dar una
mano ayudadora a quienes pasan necesidad -- puede proporcionar una satisfacción
mucho mayor que el mismo tiempo y energía empleados solamente en obtener un
placer egoísta.
Cualquiera sea el tipo de recreación, debiera siempre ser
realizada bajo una supervisión adecuada y con las salvaguardias que la
mantendrán en un plano acorde con las altas normas de conducta de los jóvenes
adventistas quienes tienen delante de sí ideales más elevados que cualquier
otro grupo de jóvenes en el mundo. Si tiene alguna duda con relación a la
corrección de algún tipo de diversión o recreación, sométalo a la prueba de las
siguientes declaraciones:
Los cristianos disponen de muchas fuentes de felicidad, y
pueden decir con exactitud infalible qué placeres son lícitos y correctos.
Pueden disfrutar de recreaciones que no disiparán el intelecto ni degradarán el
alma. Tampoco desilusionarán ni dejarán una triste influencia ulterior que
destruya el respeto propio o impida ser útil. Si pueden llevar a Jesús consigo
y conservar un espíritu de oración, están perfectamente seguros. El Hogar
Adventista, p. 466.
No será peligrosa cualquier diversión a la cual podáis
dedicaros y pedir con fe la bendición de Dios. Pero cualquier diversión que os
descalifique para la oración secreta, para la devoción ante el altar de la
oración, o para tomar parte en la reunión de oración, no sólo no es segura,
sino peligrosa. Loc. cit.
Para mayor información sobre este importante tema, véase La
Educación, pp. 207-213, El Hogar Adventista, pp. 447-482, y Mensajes
para los Jóvenes, pp. 361-398.
-- Bessie Mount --
ACTAS DE LA REUNIÓN DE LA COMISIÓN REUNIDA AD HOC PARA
CONSIDERAR LAS NORMAS APLICABLES A PROGRAMAS DE RECREACIÓN EN NUESTRAS
INSTITUCIONES EDUCATIVAS
11 de marzo de 1971
PRESENTES: W. J. Hackett, W. J. Cannon, P. Gordon, J. H.
Hancock, C. B. Hirsch, D. W. Hunter, G. N. Hyde (Este es un informe parcial de
esta reunión).
PROGRAMAS
ATLÉTICOS
Y
DE ENTRETENIMIENTOS
Se informó que se observa un significativo aumento de los
deportes competitivos que está afectando instituciones educativas tanto a nivel
interno, como inter colegial. Además, se informó que algunas están
comprometidas en competencias entre grupos Adventistas y no Adventistas.
La discusión enfocó la necesidad de salvaguardar las normas
de la iglesia, y al mismo tiempo enfatizó la actitud positiva de estimular
actividades cristianas saludables para los jóvenes y otros. La comisión
concordó en la conveniencia de presentar un informe que sirviera de guía. Por
lo tanto, acordó solicitar a una comisión menor -- constituida por los pastores
Paul Gordon (presidente), W. J. Cannon y J. H. Hancock -- la preparación de una
declaración que representa a un llamado a la reconsagración y la reafirmación
de las normas de la iglesia tales como éstas fueron dadas por la mensajera del
Señor.
W. J. Hackett,
Presidente
W. J. Cannon, Secretario
DECLARACIÓN ACERCA DE PROGRAMAS ATLÉTICOS ADVENTISTAS
El origen de las
competencias
La comparación o competencia tuvo su origen antes de la
creación del mundo, cuando Lucifer se comparó a sí mismo con el Hijo de Dios y
dijo, "Seré semejante al Altísimo." Esta ambición de Satanás produjo
guerra en el cielo, cuya consecuencia fue su expulsión del cielo. Satanás usó
el mismo principio cuando tentó exitosamente a Eva para que pecara. Le dijo:
"seréis como Dios." Caín comparó su sacrificio con el que había
ofrecido su hermano, airado cometió el primer asesinato. Uno de los mayores
problemas entre los discípulos de Cristo, y que él trató más arduamente de
contrarrestar fue la pregunta "¿Quién es el mayor?"
Pablo advirtió la tremenda ansiedad de competencia entre
los hombres y le contrapuso el enfoque inspirado cuando dijo: "Amaos los
unos a los otros con amor fraternal; cuanto a honra, prefiriéndoos los
unos a los otros." Rom. 12:10. La única competencia que él aceptaba era la
que se presenta en 1 Tes. 4:11: "que ambicionéis vivir en
tranquilidad" (B. J.) Pablo hizo claro también en su segunda carta a los
corintios que la única comparación que podemos hacer con seguridad es la de
medirnos con la medida de Dios: "pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí
mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos." 2 Cor. 10:12.
El apóstol Pablo nos presenta una manera mejor para
conseguir resultados positivos. En 2 Cor. 5:14 sugiere la más poderosa
motivación en el mundo cuando dice: "Porque el amor de Cristo nos
constriñe." La palabra constriñe indica motivación, impulso. Por lo tanto,
el amor de Cristo debe ser nuestra motivación.
Escuelas Adventistas
del Séptimo Día
Para entender mejor la posición histórica de los
Adventistas del Séptimo Día relacionada con los programas atléticos en nuestras
escuelas, debemos retroceder a la época del comienzo de las escuelas de
iglesia.
En enero de 1872, Elena G. de White recibió su primera
visión con instrucciones relativas al establecimiento de un sistema educativo.
A comienzos de junio de ese mismo año, se abrió nuestra primera escuela
denominacional oficial en Battle Creek, Michigan, funcionando en lo que había
sido nuestra casa publicadora original, ubicada detrás de la nueva oficina de
la Review. Dos años más tarde, en enero de 1874, se compraron siete hectáreas
para establecer un colegio, al frente del Health Institute, calle por medio. En
realidad solamente seis hectáreas fueron reservadas para el colegio.
Elena G. de White sufrió un gran chasco, al enterarse que
los administradores de la iglesia habían elegido un espacio tan pequeño para la
escuela. Ella y su esposo Jaime, habían insistido en la compra de 25 hectáreas
de un buen terreno, disponible en las afueras del pueblo.
Ella había visto en visión una escuela en el campo, con
industrias y agricultura, lejos de la vida de la ciudad, donde la educación
práctica pudiera ser promovida.
Arturo L. White tiene este comentario sobre lo que ocurrió:
A medida que los programas deportivos se fueron
desarrollando en las escuelas del mundo, también lo hicieron en nuestro colegio
de Battle Creek. Teníamos nuestros equipos de fútbol, béisbol y básketbol. Había
incluso algo de boxeo. Los jóvenes adventistas, con sus antecedentes de una
vida saludable libre del consumo del alcohol y tabaco, estaban capacitados para
actuar bien. Pero no pasó mucho tiempo antes de que los juegos con otros
equipos del pueblo, y de otros pueblos, llevara a una gran excitación. Los
intereses de una buena porción del cuerpo estudiantil comenzaron a desviarse
del objetivo de hacer todo esfuerzo posible para el logro de una preparación
adecuada para el servicio, hacia el cultivo de la excitación y el placer. Si
este programa hubiera continuado sin ser frenado por los mensajes del Señor,
nuestro programa educativo hubiera sido muy afectado por los programas
deportivos que comenzaban a introducirse entre nosotros. Arthur L. White, Sports
in Seventh-day Adventist Academies and Colleges, p. 2.
Fue en este contexto que Elena G. de White comenzó a enviar
advertencias, mencionando específicamente ciertos juegos tales como el fútbol,
el béisbol, y el boxeo. Uno de estos mensajes fue escrito al director del
Colegio de Battle Creek a comienzos de 1893. Un gran reavivamiento acababa de
producirse en el Colegio. En esta carta, la Hna White advierte contra los
"juegos de competencia" y el "fútbol". Ella hace resaltar
el hecho de que se habían dejado "absorber por las diversiones".
Advirtió que "el amor a las diversiones" y la "lucha por la
destreza" estaban absorbiendo el tiempo y la atención de los alumnos.
También advirtió que Satanás estaba jugando el juego de la vida por los
corazones de los alumnos y que él era más experimentado que ellos al conspirar
su ruina. (Ver Mensajes Selectos, Vol. 1, p. 152)
Sin embargo, cuando apareció la declaración más importante
de Elena G. de White sobre recreaciones en 1867, sugería que los guardadores
del sábado, trabajan demasiado arduamente sin permitirse cambios o períodos de
descanso. Ella sugirió que la recreación es tan necesaria como el
estudio. (Ver Testimonies for the Church, Vol. 1, pp. 514-520)
El artículo básico de Elena G. de White sobre educación
basado en la visión de enero de 1872, se encuentra en Testimonies for the
Church, Vol. 3, pp. 131-160. Este artículo hace bien claro el hecho de que
el programa educativo adventista debiera incluir tanto las actividades físicas
como las mentales.
Unos pocos meses después del reavivamiento de 1892 en el
campus del colegio de Battle Creek, y mientras Elena G. de White estaba en
Australia, un alumno de medicina en Michigan, le escribió pidiéndole consejo
acerca de diferentes asuntos. En su respuesta, ella mencionó, entre otras
cosas, los deportes. Ella dijo:
No condeno el simple ejercicio de jugar a la pelota; pero
éste aun en su simplicidad, puede llevarse al exceso.
En esta carta Elena G. de White menciona varios principios
que deben ser considerados en los programas deportivos. Entre otros ella
advierte contra el "empleo de medios para la autocomplacencia", la
"autovanagloria", "juegos por placer" y "amor y pasión
por estas cosas".
Una frase de esta carta es especialmente significativa. E.
G. de White dijo: "la manera en que ellos han sido conducidos en el
colegio no lleva la impronta del cielo". Nótese que los juegos no fueron
condenados, sino "la manera" en que se los jugaba. ¿Cuál era esa
manera? En esa carta ella declara que los estudiantes estaban "absorbidos",
"infatuados", "amadores de los placeres más que de
Dios"", que los juegos estaban "llenando sus mentes con
pensamientos que los distraían de sus estudios". Ella dijo: "el Señor
Dios del cielo protesta contra la pasión ardiente que es cultivada por la
supremacía en los juegos, y que es tan absorbente." Es claro que los
juegos se estaban desarrollando en una manera altamente competitiva.
En esta misma carta, Elena de White sugiere, que a medida
que avanzamos en edad, encontramos mejores recreaciones en actividades que
proporcionan algo útil como resultado final. (Ver Mensajes Selectos,
vol. 2, pp. 321-324.)
Mientras la Sra. White estaba en Australia, se construyó
allí un colegio en un predio de unas 750 hectáreas, a algo más de 100 Km. de
Sidney. Comentando sobre esta institución ella escribió en la revista
denominacional:
En el campo no se hallan próximos a la tentación de las
carreras de caballos y partidos de cricket. Cierta vez vi en Sidney una gran
multitud en una de las calles. Centenares y centenares, y hasta podría decir
miles, se hallaban reunidos. "¿Qué sucede?", pregunté. "Es por
el partido de cricket", fue la respuesta. Y mientras hombres jugaban el
juego del cricket, y otros los observaban, Satanás jugaba el juego de la vida
por sus almas. Por lo tanto decidimos ubicar nuestro colegio donde los
estudiantes no viesen ni partidos de cricket ni carreras de caballos. Australasian
Union Conference Record, 26 de julio de 1899.
Al preparar su libro guía básico sobre educación, Elena de
White incluyó una declaración sobre recreación. El primer párrafo contrasta
diversión y recreación de la siguiente manera:
Hay una diferencia entre recreación y diversión. La
recreación, cuando responde a su nombre, re-creación, tiende a fortalecer y
reparar. Apartándonos de nuestros cuidados y ocupaciones comunes, provee
refrigerio para la mente y el cuerpo, y de ese modo nos permite volver con
nuevo vigor al trabajo serio de la vida. Por otra parte, se busca la diversión
para experimentar placer, y con frecuencia se la lleva al exceso; absorbe las
energías requeridas para el trabajo útil, y resulta de ese modo un obstáculo
para el verdadero éxito en la vida. La educación, p. 207.
En síntesis, los problemas originados de la glorificación
propia y de la ambición de sobresalir entre los jugadores, es claramente una
violación del principio de igual oportunidad y crecimiento para todos. Los
juegos competitivos parecen ser especialmente objetables. El intenso espíritu
competitivo que acompaña las competencias deportivas organizadas, parece estar
claramente fuera de armonía con los deseos y planes de Dios para nosotros como
sus hijos. "La lucha por la supremacía" en los juegos destruye el
carácter antes que construirlo. Resulta claro que la posición que la Iglesia
Adventista del Séptimo Día ha asumido en relación a los deportes competitivos
es sabia.
Esta posición ha sido expresada recientemente de la
siguiente manera:
DEPORTES: evitar una obsesión por los deportes; que la
institución se refrene de competencias intercolegiales, promoviendo en su lugar
la participación saludable en actividades internas y rotativas, con énfasis en
el desarrollo de la aptitud física individual. Upholding Church Standards,
Education Leaflet Nº 51, p. 7.
Para el estudio más amplio de este tema se sugieren las
siguientes fuentes: La educación, pp. 203-217; Consejos para maestros,
pp. 244-270; Testimonies for the Church, vol. 1, pp. 514-520; vol. 3,
pp. 131-160; Mensajes selectos, vol. 1, pp. 128-143; vol. 2, pp.
321-324; y El hogar adventista, pp. 447-481.
1. En inglés touch football
y flag football, ambos: formas del fútbol americano -- variedad del rugby
inglés. En el primer caso el contacto sólo se
realiza con un toque de mano. En el segundo, quitando una banderita que lleva
el contrario.